Antonio Jesús Cruz actúa en Ubeda el viernes 16 de septiembre del 2006 |
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septiembre/2006 - José Herreros |
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El joven y prestigioso pianista, natural de Iznatoraf, interpretará en solitario obras de J. S. Bach, Beethoven, Rachmaninov, Messieri, Falla y Liszt. PROGRAMA: J. S. BACH (1685-1750) Preludio y Fuga núm. 7 en Si bemol mayor v. II del Clave Bien Temperado L. van BEETHOVEN (1770-1827) Sonata núm 26 en Mi b mayor, Op. 81a "Los Adioses" Adagio-Allegro R. RACHMANINOV (1873-1943) Estudio op. 39 núm. 9 MANUEL DE FALLA (1876-1946) Fantasía Bética M. MESSIERI (1964) Das Klangkarussell FRANZ LISZT (1811-1886) Aprés une lecture du Dante
NOTAS AL PROGRAMA, Antonio Sánchez Montoya Los comentarios sobre la obra de Messieri, han sido escritos por Antonio Jesús Cruz. El programa que nos disponemos a escuchar es variado por la personalidad, época y estilo de sus autores, así como las diferencias notables del aspecto formal de las obras. J. S. BACH (1685-1750): Preludio y Fuga núm. 7 en Si bemol mayor v. II del Clave Bien Temperado El sistema de afinación temperada de Werkmeister (1645-1706) dividía la octava en doce semitonos iguales -"temperamento equabile"-, lo que resultó más práctico que otro sistema desigual ideado por Zarlino un siglo antes. De esto se aprovechó Juan Sebastián Bach para escribir sus dos libros de El clave bien temperado , cada uno de los cuales integrado por veinticuatro preludios y fugas escritos en todos los tonos y semitonos de la escala. El primero apareció durante su estancia en Cothen, donde Bach permaneció desde el año 1717 hasta 1723, y el segundo en Leipzig, que no sería completado hasta 1744. Hablamos de una de las empresas más importantes dedicadas al teclado y, según explicación del propio autor destinado, "para utilidad y uso de la juventud deseosa de aprender, así como para distracción de los que estén ya bastante avanzados en este estudio". Asiduos amantes de estas obritas fueron Mozart, Chopin y Schumann. Ambos libros representan uno de los grandes monumentos de la historia de la música, no sólo por su belleza intrínseca, sino también como una obra científica de soluciones casi matemáticas con la que Juan Sebastián Bach abordó el problema del temperamento o afinación de los sonidos, y la posibilidad de ejecutar y modular en todas las tonalidades, resolviendo incluso los arduos problemas de la enarmonía. Mientras que en el primer libro los preludios, como pórticos de las fugas, están enfocados como una especie de "estudios" a base de motivos arpegiados o de simples escalas, en el segundo prevalecen piezas con un verdadero tema sometido a desarrollo y, de este modo, cada uno constituye una unidad musical en sí, equiparando su importancia musical a la de las respectivas fugas. Es extraño que Bach no profesara a esta segunda parte tanta estima como a la primera, pues si bien existe menos unidad de contenidos, la supera por su madurez general y la perfección de las fugas. En el recital de esta noche se propone la escucha del Preludio y fuga número 7 en Mi bemol mayor (BWV 876) del Segundo libro, que comienza con una especie de giga, evocadora de las páginas dedicadas al laúd, a la que sigue la fuga a cuatro voces cuyo sujeto presenta una solemnidad religiosa.
LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1832): Sonata en Mi bemol, Op. 81 a “Los Adioses” En abril de 1809, Austria, con Inglaterra y España como aliados, declaró la guerra a Francia con la que mantenía continuos problemas. Un mes más tarde, los ejércitos de Napoleón se situaban en los suburbios de Viena, la Emperatriz y su séquito hubieron de abandonar la ciudad, y la artillería francesa comenzó un terrorífico asalto. La noche del 11 de mayo, Beethoven se dirigió hasta los sótanos de la casa de su hermano en busca de refugio, y allí se cubrió de cojines para proteger lo que quedaba de sus oídos maltratados por el atronador ruido de las explosiones y cristales rotos. La guarnición vienesa estaba tan mal pertrechada que hubo de hacer requisas a particulares para su defensa, siendo todo en vano pues la plaza se rindió de inmediato. Era una mala racha para el músico, pues ese mismo mes de mayo murió Haydn y poco antes, había perdido a su maestro más influyente, Albrechtsberger, quien solía rectificar los fallos del maestro Haydn. La depresión de Beethoven era tal que escribía en una carta al editor Härtel de Leipzig: “El devenir de los acontecimientos ha afectado a mi cuerpo y mi ánimo. ¡Qué vida tan salvaje y destructiva pude sentir a mi alrededor! ¡Sólo tambores, cañones y miseria humana de todo tipo!” Entre los miembros de la familia imperial en el exilio se encontraba el Archiduque Rodolfo, que a los diez años era discípulo y protector de Beethoven, y a quien el compositor dedicó la popular Sonata núm. 26, Op. 81 “Lebewohl” (“de los Adioses”) escrita en la tonalidad de Mi bemol mayor, que refiere la despedida, la ausencia y el retorno de los nobles. Es la sonata pianística más programática de las escritas por Beethoven y una de sus piezas más excitantes y exquisitas. En esta música, repleta de energía e imaginación, alternan las emociones de la separación y la reunión, por lo que debe escucharse no solo con los oídos, sino también con los ojos y el corazón. La partitura fue publicada en 1811 con subtítulos que parafrasean lo escrito por el propio Beethoven: Das Lewewohl- El adios ; Die Abwesenheit- La ausencia ; Das Wiedersehn- El regreso ). Beethoven comienza la despedida con tres acordes, que contienen cierta sorpresa armónica, bajo los que escribió las sílabas Le-be-wohl (adiós). Este diseño retorna a lo largo del movimiento (especie de precedente de leitmotiv ), y de él emerge la música triste cuyas frases proyectan una figura ascendente, todo lo que da lugar a la lenta introducción ( Adagio ). La ingeniosa armonización convive con un especial cuidado en la expresión de los acordes, pues las texturas que propone el compositor son variadas y conviene aprovechar los recursos sonoros del piano. Con cierta habilidad para producir curiosidad, Beethoven prepara el Allegro que comienza con elementos de la introducción transformados en ritmo, carácter y tempo, e incluso no se olvida de recordarnos el motivo del Lebewohl. La música es genial y se hace familiar, sugiriendo quizás la amistosa relación de Beethoven con su joven alumno el Archiduque. Prosigue el movimiento lento, de gran belleza y profundidad, marcado Andante expresivo que el maestro escribe en la triste tonalidad de Sol menor. Las breves ideas se suceden profusamente y escuchamos el ritmo del tema del adiós . De repente y sin pausa, se escucha el Finale al que Beethoven nombra “Wiedersehen” (regreso o mejor aún reunión) añadiendo la fecha de enero de 1810. Con cierta excitación, la música, siempre brillante, adopta un tempo marcado Vivacísimamente y recuerda el final de Concierto Emperador . En su punto álgido, nos imaginamos la despedida, ahora con la alegría del reencuentro.
SERGEI RACHMANINOV (1873–1943): Estudio núm. 9¸ Op. 39 Sergei Rachmaninov, sin duda el pianista-compositor más brillante de su tiempo, fue continuador de la tradición romántica (Liszt y Antón Rubinstein). No se puede obviar que su música carece del carácter progresista del siglo XX y que, habiendo rechazado el modernismo de su época, se sintió culturalmente aislado. Compuso la mayor parte de su obra pianística en la primera mitad de su vida, siendo las obras de mayor inspiración aquellas de pequeñas y medianas dimensiones, escritas en plena madurez creadora ( Morceaux de Fantaisie , Momentos Musicales , Preludios , y los dos ciclos Études-tableaux, op.33 y op.39 ). Los Estudios, Op. 39 son piezas concisas, llenas de poesía e ingenio, en las que se puede descubrir la paleta de sonoridades preferidas por el compositor. Coinciden en el tiempo con los acontecimientos revolucionarios de 1917, tras los que Rachmaninov, viendo la marcha de los hechos que desembocaron en la revolución soviética, trató de salir de Rusia. "Las impresiones que recibí de mi contacto con los campesinos, que se sentían dueños de la situación, fueron desagradables. Hubiera preferido salir de Rusia guardando de ella un recuerdo más amable" escribiría años después. El Estudio núm. 9 , que fue orquestado por Respighi en 1930, está en la tonalidad de Re mayor y marcado Allegro moderato . Se trata de una “Marcha oriental”, una fuga un tanto ruidosa en la que prevalece un ritmo a base de corchea-dos semicorcheas.
MANUEL DE FALLA (1876-1946): Fantasía Bética Independientemente de que la forma fantasía sugiera libertad, el devenir musical de la noble y profunda Fantasía Bética está debidamente ordenado por su autor, el gaditano Manuel de Falla. Nota característica de la pieza es la energía de los acordes que aportan una gran riqueza sonora, aumentada por evocadores rasgueos de guitarras y soníos negros que diría el cantaor jerezano Manuel Torre. Obra de un solo trazo, a la enorme riqueza rítmica en los primeros compases (danza), sigue un canto en el que priva la melodía (copla). Tras reexponer la primera sección, todo termina en una enérgica coda. Presenta problemas de comprensión para el oyente y también para el intérprete al que pide profundidad de ideas más que exhibicionismo superficial. Seguro que éste es el claro motivo del rechazo que muchos le muestran. Concluida en Madrid (1919), el año del asentamiento del músico en Granada, representa la obra pianística más notable del pianismo español junto a la Suite Iberia de Isaac Albéniz. Fue escrita a petición de Arthur Rubinstein en una de sus giras españolas y previo pago del encargo, siendo el famoso pianista quien la estrenó al año siguiente en Nueva York. De ella dice García del Busto: “...aquí late una Andalucía esencializada, profundamente asimilada como vivencia y como objeto intelectual, y vertida en música con profundidad admirable”.
M. MESSIERI (1964): Das Klangkarussell Das Klangkarussell , que en castellano significa poco más o menos “El carrusel sonoro”, es una obra compuesta por Maximiliano Messieri en septiembre de 2005. Esta obra, formaría parte del conjunto que imprecisamente se denominada “música contemporánea” y cuya acepción popular más extendida pudiera ser: música compuesta desde el comienzo de la segunda mitad del s. XX (e incluso antes) hasta nuestros días, cuya base armónica se ha emancipado de la tonalidad. Buscando una mayor precisión en la ubicación estilística de “Das Klangkarussell”, las raíces de esta obra emanan del estilo musical denominado serialismo , que consiste básicamente en utilizar como tema o motivo, una serie de sonidos, en la cual se emplean todas las notas de la escala cromática y en la que no se vuelve a repetir ninguna de ellas hasta que se haya empleado el resto. “. . . En innumerables discusiones con Hauer habíamos tratado de la necesidad imperiosa de situar la nueva música sobre una base cromática en la cual todas las notas desempeñaran análogas funciones y, por consiguiente, ninguna tónica, dominante o nota principal ejerciera ningún papel predominante, todo ello varios años antes de que Schönberg expusiera su teoría dodecatónica.” Tonalidad, atonalidad, pantonalidad. Rudolf Reti. A modo de curiosidad histórica, el serialismo fue utilizado por Schönberg desde la década de 1920, así, como por sus discípulos Berg y Webern. No obstante, a partir de la década de 1940, la serie se convierte en el eje integrador de todos los elementos musicales: melodía, armonía, timbre, textura, etc. Es lo que se ha denominado «serialismo total», dominador de las tendencias de vanguardia desde los años 1950 hasta prácticamente la actualidad. Esta obra, por consiguiente, a pesar de su aparente modernidad, realiza un guiño al revolucionario estilo que desarrolló Schomberg en la primera mitad del s. XX, y más tarde Berg y Webern y que sin embargo, hoy en día, se considera en determinados círculos un estilo en desuso que representó el comienzo del camino de la emancipación de la tonalidad.
FRANZ LISZT (1811-1886): Aprés une lecture de Dante . Fantasia quasi sonata. Las obras de los “Años de peregrinaje” forman uno de los grandes legados musicales por su búsqueda de profundidad y significado. Es notorio que Liszt, antes que los grandes centros musicales, prefirió la naturaleza de Suiza (y la vertiente humana del revolucionario Guillermo Tell), o las obras maestras de la literatura y pintura italianas en estos famosos viajes. Excepto Chopin, que tuvo aversión a la música de programa, los primeros románticos estuvieron altamente interesados por la literatura: la orientación literaria de Schumann incluía una mitología personal que pasó a muchas de sus composiciones de piano y escritos de crítica; la elección de temas musicales por parte de Berlioz fue dictada, a menudo, por el autor cuya obra estaba leyendo en esos momentos: Goethe ( La condenación de Fausto ), Shakespeare ( Romeo y Julieta ) o Virgilio ( Los Troyanos ). Liszt, por su parte, más que informar a sus audiencias sobre los contenidos de sus lecturas, expresaba cómo le afectaban en su ánimo. Así, Apres une lecture de Dante (Después de una lectura de Dante) –la también llamada Sonata Dante- revela sus reacciones musicales a “las extrañas lenguas, horribles gritos, expresiones de dolor, gemidos de angustia” que Dante describe en su “Infierno”. Liszt contaba a uno de sus alumnos que la música le fue inspirada especialmente por la historia de los amantes condenados, Francesca da Rimini y Paolo Malatesta (recordar a Chaikosvsky) a los que Dante se refiere en el Quinto canto del Infierno. La partitura, el último, más elaborado y extenso capítulo del segundo libro de “Años de peregrinaje”, abre ( Andante maestoso ) con el tema basado en el tritono , el intervalo conocido como “diabolus in música” (la disonancia de cuarta aumentada). Liszt, más que representar la inscripción de Dante sobre el Infierno (…los que entran, jamás saldrán…), invoca a los espíritus de los condenados, y les dice que le cuenten sus cuitas. Usa el teclado para crear sonidos fantasmagóricos y nos describe un horrible escenario interior y psicológico. Esta Sonata forma parte del más refinado tratamiento que tuvo uno de los temas favoritos del romanticismo: los tormentos del alma dividida entre el individualismo intelectual y el erotismo descontrolado. Los acordes finales, un tanto teatrales, parecen decir que las puertas del Infierno se cierran sin la menor esperanza de remisión.
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